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Ciudad: Shanghai País: China

Lo que más me gusta de M es cómo ha envejecido. En una ciudad donde los restaurantes abren y cierran en cuestión de meses, M lleva veinticinco años siendo relevante. No necesita pretensiones ni tendencias pasajeras. Su cocina, que la chef Garnaut definió como “europea con influencias asiáticas”, se mantiene fiel a una filosofía de ingredientes de primera calidad y ejecución impecable.

Los platos que definen el lugar

El menú de M cambia con las estaciones, pero hay platos que nunca desaparecen. El tartar de atún con aguacate y wasabi es el entrante que pido siempre: el atún, fresco como una brisa marina, se mezcla con la cremosidad del aguacate y el toque picante del wasabi en una combinación que despierta las papilas sin abrumarlas. Servido con crujientes de wonton, la textura es un juego de contrastes que funciona en cada bocado.

El plato principal que más me ha marcado es el cordero lechal asado con costra de hierbas y salsa de menta. La carne, rosada y jugosa, se deshace al contacto con el tenedor. La costra de hierbas (romero, tomillo, perejil) aporta una capa aromática que envuelve el paladar, y la salsa de menta, más sutil que la versión británica clásica, corta la grasa del cordero con su acidez refrescante. Lo acompañan unas patatas asadas con ajo y romero que son la guarnición perfecta.

Pero si hay un plato que no puedes perderte, es el linguini con trufa negra y parmesano. Llega a la mesa con un aroma hipnótico que hace girar cabezas en las mesas vecinas. La trufa, rallada generosamente sobre la pasta, se funde con la mantequilla y el parmesano creando una salsa que se adhiere a cada hebra de pasta. Es sencillez elevada a su máxima expresión. Lo he pedido tres veces en diferentes visitas y nunca decepciona.

Más allá del plato

La terraza de M merece un capítulo aparte. Con capacidad para unas sesenta personas, es el lugar perfecto para un almuerzo soleado de primavera o una cena romántica bajo las estrellas. Las vistas abarcan todo el Bund: desde el Hotel Peace hasta la Pearl Tower, pasando por el Customs House y el edificio del Banco de China. En los días despejados, se ve hasta la desembocadura del río. El servicio de brunch de los domingos es legendario, con un buffet que incluye ostras frescas, sushi, jamón ibérico y una selección de quesos franceses que haría sonrojar a una fromagerie de París.

La carta de cócteles es igualmente impresionante. El M Classic, un martini con vodka infusionado con té de jazmín, es mi preferido: elegante, aromático, con un toque floral que recuerda a los jardines de Suzhou. También tienen una selección de vinos por copas bien curada, con opciones que van desde un Sancerre fresco hasta un Barolo con cuerpo. El servicio es profesional sin ser frío: los camareros conocen la carta al dedillo y ofrecen recomendaciones sin presionar.

Cómo visitar

Reservar con antelación es obligatorio, especialmente si quieres mesa en la terraza. La mejor hora es el atardecer, cuando el sol se pone detrás de Pudong y los rascacielos se encienden. El código de vestimenta es elegante informal: chaqueta para los hombres, pero no es necesario corbata. El precio es elevado (¥400–800 por persona con bebidas), pero la combinación de cocina, servicio y vistas lo convierte en una de las mejores relaciones calidad-precio en el segmento fine dining de Shanghai.

El restaurante está en el séptimo piso del 20 Guangdong Road, en el Bund. El acceso es en ascensor desde el lobby del edificio. Si vienes en metro, la estación más cercana es East Nanjing Road (líneas 2 y 10), a unos diez minutos caminando. Hay aparcamiento cerca pero es caro y limitado. Después de cenar, te recomiendo dar un paseo por el paseo del Bund: las vistas nocturnas de Pudong iluminado son espectaculares, especialmente justo después de una cena con una copa de vino.

La cocina y el brunch legendario

El chef ejecutivo de M on the Bund, Hamish Herritt (si, el mismo que fundo Lost Heaven), ha sabido mantener la esencia del restaurante mientras lo actualiza con nuevas tendencias culinarias. Bajo su direccion, M ha incorporado ingredientes locales chinos en platos clasicos europeos, creando una fusion sutil que no traiciona la identidad del restaurante pero anade capas de interes. Por ejemplo, el salmon ahumado se sirve con una vinagreta de te de jazmin, y el risotto de setas incorpora hongos silvestres de Yunnan que aportan un sabor umami imposible de conseguir con ingredientes europeos.

El brunch de los domingos en M on the Bund es una institucion en Shanghai. Por 388 yuanes por persona, incluye un buffet con ostras frescas, sushi, jamon iberico, quesos franceses, ensaladas, mariscos y una seleccion de postres que haria sonrojar a una patisserie parisina. Ademas, puedes pedir platos calientes de la cocina: huevos benedictinos, tortilla de trufa, waffles belgas y mas. Todo ello acompanado de las vistas al Bund y musica jazz en vivo. He ido tres veces y siempre he salido rodando de satisfaccion.

La carta de vinos de M on the Bund es extensa y esta bien seleccionada. Con mas de 200 referencias, la mayoria europeas pero con incursiones en nuevos mundos, hay opciones para todos los presupuestos. El sumiller, formado en Borgoña, ofrece recomendaciones acertadas para cada plato. En mi ultima visita, me sugirio un Chassagne-Montrachet 2018 para acompanar el linguini con trufa, y la combinacion fue tan perfecta que aun la recuerdo con emocion.

Uno de los momentos mas especiales que he vivido en M on the Bund fue durante un atardecer de verano. Llegue justo cuando el sol empezaba a ponerse detras de los rascacielos de Pudong. La luz dorada bañaba la terraza, los edificios del Bund se recortaban contra el cielo anaranjado, y las copas de champan brillaban en las mesas. Fue uno de esos momentos en los que todo se alinea: la compañia, la comida, la vista y la atmosfera. Por eso M on the Bund sigue siendo, para mi, el restaurante mas romantico de Shanghai.

La experiencia gastronómica en M on the Bund

Cenar en M on the Bund es una experiencia que involucra todos los sentidos. Entras en el histórico edificio del Bund, subes en un ascensor antiguo de madera y cristal, y de repente el mundo se abre ante ti: la terraza, con sus vistas panorámicas del río Huangpu y los rascacielos de Pudong, es uno de los escenarios más espectaculares para cenar en toda Asia.

La carta es mediterránea con influencias asiáticas, una combinación que la chef ejecutiva ha perfeccionado a lo largo de los años. Los entrantes incluyen desde ostras frescas de Francia hasta dumplings de langosta con lima y jengibre. Los platos principales varían entre el cordero neozelandés con hierbas provenzales y el rodaballo salvaje con salsa de azafrán y hinojo.

El brunch de los domingos en M

Si hay un momento en el que M on the Bund brilla con luz propia, es durante su brunch dominical. Por 388 yuanes por persona, tienes acceso a una mesa de buffets de entrantes, un plato principal a elegir entre sus clásicos, y una selección de postres. El champán fluye, el jazz suena en directo, y la luz del mediodía baña la terraza con una calidez dorada.

He ido varias veces al brunch y siempre me sorprende la calidad del servicio. Los camareros, impecablemente uniformados, conocen la carta al dedillo y recomiendan maridajes con naturalidad. El ambiente es elegante pero sin la rigidez de otros restaurantes de alta cocina: aquí se viene a disfrutar, no a impresionar.

La historia de M on the Bund y su legado

M on the Bund abrió sus puertas en 1999, en una época en la que el Bund estaba lejos de ser el destino gastronómico de lujo que es hoy. Fue pionero en demostrar que Shanghai podía ofrecer una experiencia culinaria de nivel internacional, y su éxito allanó el camino para los innumerables restaurantes de alta cocina que hoy pueblan la zona. Su fundadora, Michelle Garnaut, es una figura legendaria en la escena gastronómica de Shanghai.

Dos décadas después, M on the Bund sigue siendo tan relevante como el primer día. Ha sabido evolucionar con los tiempos sin perder su esencia: la carta se actualiza regularmente para incorporar nuevas tendencias, pero los clásicos que la hicieron famosa permanecen. El personal, muchos de los cuales llevan más de diez años en el restaurante, mantiene un nivel de profesionalidad y calidez que es difícil de encontrar en otros lugares.

La carta de cocktailes y la terraza

Antes o despues de cenar, la terraza de M on the Bund es el lugar perfecto para tomar una copa. La carta de cocktailes incluye clasicos como el Martini (88 yuanes) y el Negroni (82 yuanes), ademas de creaciones originales como el Bund Breeze con vodka, lychee y hierbabuena (78 yuanes). Los precios son elevados pero acordes con la ubicacion y las vistas.

Mi momento favorito es llegar al atardecer, pedir un cocktail en la terraza y ver como las luces de Pudong se encienden una a una mientras el cielo cambia de azul a naranja y finalmente a negro salpicado de estrellas. No hay mejor manera de entender por que Shanghai es una de las ciudades mas fascinantes del mundo que desde la terraza de M on the Bund, cocktail en mano.

Preguntas frecuentes

Cuánto cuesta cenar en M on the Bund?

Entre ¥400 y ¥800 por persona con bebidas. El menú degustación cuesta ¥688 sin maridaje.

Hay que vestir formal?

Se recomienda elegante informal. Los hombres deben llevar chaqueta, aunque no es obligatorio el uso de corbata.

Cuál es el mejor momento para ir?

El atardecer, justo antes de que se ponga el sol. Las vistas del Bund iluminándose son espectaculares.

Tienen opciones vegetarianas?

Sí, el menú incluye opciones vegetarianas marcadas claramente. El linguini con trufa es vegetariano.

Se puede ir solo a tomar una copa?

Sí, el bar de la terraza está abierto para copas. Es un lugar popular para después de la cena.

Cuál es el código de vestimenta?

Informal elegante. Nada de chanclas ni bermudas, pero tampoco hace falta chaqueta y corbata.

Tienen opciones vegetarianas?

Sí, varios entrantes y platos principales vegetarianos. Avisa al hacer la reserva.

Este artículo fue revisado por el equipo editorial de Latinos Viajeros. Todas las recomendaciones están basadas en experiencia directa y verificación de fuentes oficiales.

La primera vez que subí a la terraza de M on the Bund me quedé sin palabras. No por el lujo del lugar, aunque es innegable, sino por la vista. El Bund se extendía a mis pies como un museo viviente de arquitectura art déco, y al otro lado del río Huangpu, los rascacielos futuristas de Pudong se iluminaban uno tras otro en el crepúsculo. Era ese momento mágico en que Shanghai muestra sus dos caras a la vez: la histórica y la ultramoderna. M on the Bund lleva desde 1999 siendo el testigo privilegiado de esa transformación, y su terraza sigue siendo, para mí, el mejor lugar para contemplarla.

Lo que necesitas saber

Precio: ¥400–800 por persona · Horario: 11:30–14:30, 18:00–22:30 · Cómo llegar: Metro línea 2/10, estación East Nanjing Road, salida 3. 20 Guangdong Road, 7ª planta, Bund · Dato: Fundado en 1999 por Michelle Garnaut, fue el primer restaurante fine dining de un chef occidental en Shanghai

Restaurante M on the Bund en Shanghai

Historia y ambiente

M on the Bund abrió sus puertas en 1999, en un momento en que Shanghai empezaba a despertar como destino gastronómico global. La fundadora, Michelle Garnaut, una australiana visionaria, apostó por la azotea del edificio de la Liga de Naciones (construido en 1922) y creó un espacio que combinaba la elegancia del viejo Shanghai con una cocina internacional de primer nivel. Desde entonces, M se ha convertido en un ritual para expatriados, viajeros y locales que celebran ocasiones especiales.

El edificio que alberga M es parte de la historia de Shanghai. Construido en 1922 como sede de la Liga de Naciones, su fachada neoclásica con columnas corintias es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura del Bund. En los años treinta, el edificio albergó el club de la Marina Real Británica, y se dice que en sus sótanos se escondía un legendario bar de contrabando. Hoy, M ocupa la séptima planta y la terraza, y conserva detalles originales como los techos de madera y las lámparas de araña.

Lo que más me gusta de M es cómo ha envejecido. En una ciudad donde los restaurantes abren y cierran en cuestión de meses, M lleva veinticinco años siendo relevante. No necesita pretensiones ni tendencias pasajeras. Su cocina, que la chef Garnaut definió como “europea con influencias asiáticas”, se mantiene fiel a una filosofía de ingredientes de primera calidad y ejecución impecable.

Los platos que definen el lugar

El menú de M cambia con las estaciones, pero hay platos que nunca desaparecen. El tartar de atún con aguacate y wasabi es el entrante que pido siempre: el atún, fresco como una brisa marina, se mezcla con la cremosidad del aguacate y el toque picante del wasabi en una combinación que despierta las papilas sin abrumarlas. Servido con crujientes de wonton, la textura es un juego de contrastes que funciona en cada bocado.

El plato principal que más me ha marcado es el cordero lechal asado con costra de hierbas y salsa de menta. La carne, rosada y jugosa, se deshace al contacto con el tenedor. La costra de hierbas (romero, tomillo, perejil) aporta una capa aromática que envuelve el paladar, y la salsa de menta, más sutil que la versión británica clásica, corta la grasa del cordero con su acidez refrescante. Lo acompañan unas patatas asadas con ajo y romero que son la guarnición perfecta.

Pero si hay un plato que no puedes perderte, es el linguini con trufa negra y parmesano. Llega a la mesa con un aroma hipnótico que hace girar cabezas en las mesas vecinas. La trufa, rallada generosamente sobre la pasta, se funde con la mantequilla y el parmesano creando una salsa que se adhiere a cada hebra de pasta. Es sencillez elevada a su máxima expresión. Lo he pedido tres veces en diferentes visitas y nunca decepciona.

Más allá del plato

La terraza de M merece un capítulo aparte. Con capacidad para unas sesenta personas, es el lugar perfecto para un almuerzo soleado de primavera o una cena romántica bajo las estrellas. Las vistas abarcan todo el Bund: desde el Hotel Peace hasta la Pearl Tower, pasando por el Customs House y el edificio del Banco de China. En los días despejados, se ve hasta la desembocadura del río. El servicio de brunch de los domingos es legendario, con un buffet que incluye ostras frescas, sushi, jamón ibérico y una selección de quesos franceses que haría sonrojar a una fromagerie de París.

La carta de cócteles es igualmente impresionante. El M Classic, un martini con vodka infusionado con té de jazmín, es mi preferido: elegante, aromático, con un toque floral que recuerda a los jardines de Suzhou. También tienen una selección de vinos por copas bien curada, con opciones que van desde un Sancerre fresco hasta un Barolo con cuerpo. El servicio es profesional sin ser frío: los camareros conocen la carta al dedillo y ofrecen recomendaciones sin presionar.

Cómo visitar

Reservar con antelación es obligatorio, especialmente si quieres mesa en la terraza. La mejor hora es el atardecer, cuando el sol se pone detrás de Pudong y los rascacielos se encienden. El código de vestimenta es elegante informal: chaqueta para los hombres, pero no es necesario corbata. El precio es elevado (¥400–800 por persona con bebidas), pero la combinación de cocina, servicio y vistas lo convierte en una de las mejores relaciones calidad-precio en el segmento fine dining de Shanghai.

El restaurante está en el séptimo piso del 20 Guangdong Road, en el Bund. El acceso es en ascensor desde el lobby del edificio. Si vienes en metro, la estación más cercana es East Nanjing Road (líneas 2 y 10), a unos diez minutos caminando. Hay aparcamiento cerca pero es caro y limitado. Después de cenar, te recomiendo dar un paseo por el paseo del Bund: las vistas nocturnas de Pudong iluminado son espectaculares, especialmente justo después de una cena con una copa de vino.

La cocina y el brunch legendario

El chef ejecutivo de M on the Bund, Hamish Herritt (si, el mismo que fundo Lost Heaven), ha sabido mantener la esencia del restaurante mientras lo actualiza con nuevas tendencias culinarias. Bajo su direccion, M ha incorporado ingredientes locales chinos en platos clasicos europeos, creando una fusion sutil que no traiciona la identidad del restaurante pero anade capas de interes. Por ejemplo, el salmon ahumado se sirve con una vinagreta de te de jazmin, y el risotto de setas incorpora hongos silvestres de Yunnan que aportan un sabor umami imposible de conseguir con ingredientes europeos.

El brunch de los domingos en M on the Bund es una institucion en Shanghai. Por 388 yuanes por persona, incluye un buffet con ostras frescas, sushi, jamon iberico, quesos franceses, ensaladas, mariscos y una seleccion de postres que haria sonrojar a una patisserie parisina. Ademas, puedes pedir platos calientes de la cocina: huevos benedictinos, tortilla de trufa, waffles belgas y mas. Todo ello acompanado de las vistas al Bund y musica jazz en vivo. He ido tres veces y siempre he salido rodando de satisfaccion.

La carta de vinos de M on the Bund es extensa y esta bien seleccionada. Con mas de 200 referencias, la mayoria europeas pero con incursiones en nuevos mundos, hay opciones para todos los presupuestos. El sumiller, formado en Borgoña, ofrece recomendaciones acertadas para cada plato. En mi ultima visita, me sugirio un Chassagne-Montrachet 2018 para acompanar el linguini con trufa, y la combinacion fue tan perfecta que aun la recuerdo con emocion.

Uno de los momentos mas especiales que he vivido en M on the Bund fue durante un atardecer de verano. Llegue justo cuando el sol empezaba a ponerse detras de los rascacielos de Pudong. La luz dorada bañaba la terraza, los edificios del Bund se recortaban contra el cielo anaranjado, y las copas de champan brillaban en las mesas. Fue uno de esos momentos en los que todo se alinea: la compañia, la comida, la vista y la atmosfera. Por eso M on the Bund sigue siendo, para mi, el restaurante mas romantico de Shanghai.

La experiencia gastronómica en M on the Bund

Cenar en M on the Bund es una experiencia que involucra todos los sentidos. Entras en el histórico edificio del Bund, subes en un ascensor antiguo de madera y cristal, y de repente el mundo se abre ante ti: la terraza, con sus vistas panorámicas del río Huangpu y los rascacielos de Pudong, es uno de los escenarios más espectaculares para cenar en toda Asia.

La carta es mediterránea con influencias asiáticas, una combinación que la chef ejecutiva ha perfeccionado a lo largo de los años. Los entrantes incluyen desde ostras frescas de Francia hasta dumplings de langosta con lima y jengibre. Los platos principales varían entre el cordero neozelandés con hierbas provenzales y el rodaballo salvaje con salsa de azafrán y hinojo.

El brunch de los domingos en M

Si hay un momento en el que M on the Bund brilla con luz propia, es durante su brunch dominical. Por 388 yuanes por persona, tienes acceso a una mesa de buffets de entrantes, un plato principal a elegir entre sus clásicos, y una selección de postres. El champán fluye, el jazz suena en directo, y la luz del mediodía baña la terraza con una calidez dorada.

He ido varias veces al brunch y siempre me sorprende la calidad del servicio. Los camareros, impecablemente uniformados, conocen la carta al dedillo y recomiendan maridajes con naturalidad. El ambiente es elegante pero sin la rigidez de otros restaurantes de alta cocina: aquí se viene a disfrutar, no a impresionar.

La historia de M on the Bund y su legado

M on the Bund abrió sus puertas en 1999, en una época en la que el Bund estaba lejos de ser el destino gastronómico de lujo que es hoy. Fue pionero en demostrar que Shanghai podía ofrecer una experiencia culinaria de nivel internacional, y su éxito allanó el camino para los innumerables restaurantes de alta cocina que hoy pueblan la zona. Su fundadora, Michelle Garnaut, es una figura legendaria en la escena gastronómica de Shanghai.

Dos décadas después, M on the Bund sigue siendo tan relevante como el primer día. Ha sabido evolucionar con los tiempos sin perder su esencia: la carta se actualiza regularmente para incorporar nuevas tendencias, pero los clásicos que la hicieron famosa permanecen. El personal, muchos de los cuales llevan más de diez años en el restaurante, mantiene un nivel de profesionalidad y calidez que es difícil de encontrar en otros lugares.

La carta de cocktailes y la terraza

Antes o despues de cenar, la terraza de M on the Bund es el lugar perfecto para tomar una copa. La carta de cocktailes incluye clasicos como el Martini (88 yuanes) y el Negroni (82 yuanes), ademas de creaciones originales como el Bund Breeze con vodka, lychee y hierbabuena (78 yuanes). Los precios son elevados pero acordes con la ubicacion y las vistas.

Mi momento favorito es llegar al atardecer, pedir un cocktail en la terraza y ver como las luces de Pudong se encienden una a una mientras el cielo cambia de azul a naranja y finalmente a negro salpicado de estrellas. No hay mejor manera de entender por que Shanghai es una de las ciudades mas fascinantes del mundo que desde la terraza de M on the Bund, cocktail en mano.

Preguntas frecuentes

Cuánto cuesta cenar en M on the Bund?

Entre ¥400 y ¥800 por persona con bebidas. El menú degustación cuesta ¥688 sin maridaje.

Hay que vestir formal?

Se recomienda elegante informal. Los hombres deben llevar chaqueta, aunque no es obligatorio el uso de corbata.

Cuál es el mejor momento para ir?

El atardecer, justo antes de que se ponga el sol. Las vistas del Bund iluminándose son espectaculares.

Tienen opciones vegetarianas?

Sí, el menú incluye opciones vegetarianas marcadas claramente. El linguini con trufa es vegetariano.

Se puede ir solo a tomar una copa?

Sí, el bar de la terraza está abierto para copas. Es un lugar popular para después de la cena.

Cuál es el código de vestimenta?

Informal elegante. Nada de chanclas ni bermudas, pero tampoco hace falta chaqueta y corbata.

Tienen opciones vegetarianas?

Sí, varios entrantes y platos principales vegetarianos. Avisa al hacer la reserva.

Este artículo fue revisado por el equipo editorial de Latinos Viajeros. Todas las recomendaciones están basadas en experiencia directa y verificación de fuentes oficiales.

La primera vez que subí a la terraza de M on the Bund me quedé sin palabras. No por el lujo del lugar, aunque es innegable, sino por la vista. El Bund se extendía a mis pies como un museo viviente de arquitectura art déco, y al otro lado del río Huangpu, los rascacielos futuristas de Pudong se iluminaban uno tras otro en el crepúsculo. Era ese momento mágico en que Shanghai muestra sus dos caras a la vez: la histórica y la ultramoderna. M on the Bund lleva desde 1999 siendo el testigo privilegiado de esa transformación, y su terraza sigue siendo, para mí, el mejor lugar para contemplarla.

Lo que necesitas saber

Precio: ¥400–800 por persona · Horario: 11:30–14:30, 18:00–22:30 · Cómo llegar: Metro línea 2/10, estación East Nanjing Road, salida 3. 20 Guangdong Road, 7ª planta, Bund · Dato: Fundado en 1999 por Michelle Garnaut, fue el primer restaurante fine dining de un chef occidental en Shanghai

Restaurante M on the Bund en Shanghai

Historia y ambiente

M on the Bund abrió sus puertas en 1999, en un momento en que Shanghai empezaba a despertar como destino gastronómico global. La fundadora, Michelle Garnaut, una australiana visionaria, apostó por la azotea del edificio de la Liga de Naciones (construido en 1922) y creó un espacio que combinaba la elegancia del viejo Shanghai con una cocina internacional de primer nivel. Desde entonces, M se ha convertido en un ritual para expatriados, viajeros y locales que celebran ocasiones especiales.

El edificio que alberga M es parte de la historia de Shanghai. Construido en 1922 como sede de la Liga de Naciones, su fachada neoclásica con columnas corintias es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura del Bund. En los años treinta, el edificio albergó el club de la Marina Real Británica, y se dice que en sus sótanos se escondía un legendario bar de contrabando. Hoy, M ocupa la séptima planta y la terraza, y conserva detalles originales como los techos de madera y las lámparas de araña.

Lo que más me gusta de M es cómo ha envejecido. En una ciudad donde los restaurantes abren y cierran en cuestión de meses, M lleva veinticinco años siendo relevante. No necesita pretensiones ni tendencias pasajeras. Su cocina, que la chef Garnaut definió como “europea con influencias asiáticas”, se mantiene fiel a una filosofía de ingredientes de primera calidad y ejecución impecable.

Los platos que definen el lugar

El menú de M cambia con las estaciones, pero hay platos que nunca desaparecen. El tartar de atún con aguacate y wasabi es el entrante que pido siempre: el atún, fresco como una brisa marina, se mezcla con la cremosidad del aguacate y el toque picante del wasabi en una combinación que despierta las papilas sin abrumarlas. Servido con crujientes de wonton, la textura es un juego de contrastes que funciona en cada bocado.

El plato principal que más me ha marcado es el cordero lechal asado con costra de hierbas y salsa de menta. La carne, rosada y jugosa, se deshace al contacto con el tenedor. La costra de hierbas (romero, tomillo, perejil) aporta una capa aromática que envuelve el paladar, y la salsa de menta, más sutil que la versión británica clásica, corta la grasa del cordero con su acidez refrescante. Lo acompañan unas patatas asadas con ajo y romero que son la guarnición perfecta.

Pero si hay un plato que no puedes perderte, es el linguini con trufa negra y parmesano. Llega a la mesa con un aroma hipnótico que hace girar cabezas en las mesas vecinas. La trufa, rallada generosamente sobre la pasta, se funde con la mantequilla y el parmesano creando una salsa que se adhiere a cada hebra de pasta. Es sencillez elevada a su máxima expresión. Lo he pedido tres veces en diferentes visitas y nunca decepciona.

Más allá del plato

La terraza de M merece un capítulo aparte. Con capacidad para unas sesenta personas, es el lugar perfecto para un almuerzo soleado de primavera o una cena romántica bajo las estrellas. Las vistas abarcan todo el Bund: desde el Hotel Peace hasta la Pearl Tower, pasando por el Customs House y el edificio del Banco de China. En los días despejados, se ve hasta la desembocadura del río. El servicio de brunch de los domingos es legendario, con un buffet que incluye ostras frescas, sushi, jamón ibérico y una selección de quesos franceses que haría sonrojar a una fromagerie de París.

La carta de cócteles es igualmente impresionante. El M Classic, un martini con vodka infusionado con té de jazmín, es mi preferido: elegante, aromático, con un toque floral que recuerda a los jardines de Suzhou. También tienen una selección de vinos por copas bien curada, con opciones que van desde un Sancerre fresco hasta un Barolo con cuerpo. El servicio es profesional sin ser frío: los camareros conocen la carta al dedillo y ofrecen recomendaciones sin presionar.

Cómo visitar

Reservar con antelación es obligatorio, especialmente si quieres mesa en la terraza. La mejor hora es el atardecer, cuando el sol se pone detrás de Pudong y los rascacielos se encienden. El código de vestimenta es elegante informal: chaqueta para los hombres, pero no es necesario corbata. El precio es elevado (¥400–800 por persona con bebidas), pero la combinación de cocina, servicio y vistas lo convierte en una de las mejores relaciones calidad-precio en el segmento fine dining de Shanghai.

El restaurante está en el séptimo piso del 20 Guangdong Road, en el Bund. El acceso es en ascensor desde el lobby del edificio. Si vienes en metro, la estación más cercana es East Nanjing Road (líneas 2 y 10), a unos diez minutos caminando. Hay aparcamiento cerca pero es caro y limitado. Después de cenar, te recomiendo dar un paseo por el paseo del Bund: las vistas nocturnas de Pudong iluminado son espectaculares, especialmente justo después de una cena con una copa de vino.

La cocina y el brunch legendario

El chef ejecutivo de M on the Bund, Hamish Herritt (si, el mismo que fundo Lost Heaven), ha sabido mantener la esencia del restaurante mientras lo actualiza con nuevas tendencias culinarias. Bajo su direccion, M ha incorporado ingredientes locales chinos en platos clasicos europeos, creando una fusion sutil que no traiciona la identidad del restaurante pero anade capas de interes. Por ejemplo, el salmon ahumado se sirve con una vinagreta de te de jazmin, y el risotto de setas incorpora hongos silvestres de Yunnan que aportan un sabor umami imposible de conseguir con ingredientes europeos.

El brunch de los domingos en M on the Bund es una institucion en Shanghai. Por 388 yuanes por persona, incluye un buffet con ostras frescas, sushi, jamon iberico, quesos franceses, ensaladas, mariscos y una seleccion de postres que haria sonrojar a una patisserie parisina. Ademas, puedes pedir platos calientes de la cocina: huevos benedictinos, tortilla de trufa, waffles belgas y mas. Todo ello acompanado de las vistas al Bund y musica jazz en vivo. He ido tres veces y siempre he salido rodando de satisfaccion.

La carta de vinos de M on the Bund es extensa y esta bien seleccionada. Con mas de 200 referencias, la mayoria europeas pero con incursiones en nuevos mundos, hay opciones para todos los presupuestos. El sumiller, formado en Borgoña, ofrece recomendaciones acertadas para cada plato. En mi ultima visita, me sugirio un Chassagne-Montrachet 2018 para acompanar el linguini con trufa, y la combinacion fue tan perfecta que aun la recuerdo con emocion.

Uno de los momentos mas especiales que he vivido en M on the Bund fue durante un atardecer de verano. Llegue justo cuando el sol empezaba a ponerse detras de los rascacielos de Pudong. La luz dorada bañaba la terraza, los edificios del Bund se recortaban contra el cielo anaranjado, y las copas de champan brillaban en las mesas. Fue uno de esos momentos en los que todo se alinea: la compañia, la comida, la vista y la atmosfera. Por eso M on the Bund sigue siendo, para mi, el restaurante mas romantico de Shanghai.

La experiencia gastronómica en M on the Bund

Cenar en M on the Bund es una experiencia que involucra todos los sentidos. Entras en el histórico edificio del Bund, subes en un ascensor antiguo de madera y cristal, y de repente el mundo se abre ante ti: la terraza, con sus vistas panorámicas del río Huangpu y los rascacielos de Pudong, es uno de los escenarios más espectaculares para cenar en toda Asia.

La carta es mediterránea con influencias asiáticas, una combinación que la chef ejecutiva ha perfeccionado a lo largo de los años. Los entrantes incluyen desde ostras frescas de Francia hasta dumplings de langosta con lima y jengibre. Los platos principales varían entre el cordero neozelandés con hierbas provenzales y el rodaballo salvaje con salsa de azafrán y hinojo.

El brunch de los domingos en M

Si hay un momento en el que M on the Bund brilla con luz propia, es durante su brunch dominical. Por 388 yuanes por persona, tienes acceso a una mesa de buffets de entrantes, un plato principal a elegir entre sus clásicos, y una selección de postres. El champán fluye, el jazz suena en directo, y la luz del mediodía baña la terraza con una calidez dorada.

He ido varias veces al brunch y siempre me sorprende la calidad del servicio. Los camareros, impecablemente uniformados, conocen la carta al dedillo y recomiendan maridajes con naturalidad. El ambiente es elegante pero sin la rigidez de otros restaurantes de alta cocina: aquí se viene a disfrutar, no a impresionar.

La historia de M on the Bund y su legado

M on the Bund abrió sus puertas en 1999, en una época en la que el Bund estaba lejos de ser el destino gastronómico de lujo que es hoy. Fue pionero en demostrar que Shanghai podía ofrecer una experiencia culinaria de nivel internacional, y su éxito allanó el camino para los innumerables restaurantes de alta cocina que hoy pueblan la zona. Su fundadora, Michelle Garnaut, es una figura legendaria en la escena gastronómica de Shanghai.

Dos décadas después, M on the Bund sigue siendo tan relevante como el primer día. Ha sabido evolucionar con los tiempos sin perder su esencia: la carta se actualiza regularmente para incorporar nuevas tendencias, pero los clásicos que la hicieron famosa permanecen. El personal, muchos de los cuales llevan más de diez años en el restaurante, mantiene un nivel de profesionalidad y calidez que es difícil de encontrar en otros lugares.

La carta de cocktailes y la terraza

Antes o despues de cenar, la terraza de M on the Bund es el lugar perfecto para tomar una copa. La carta de cocktailes incluye clasicos como el Martini (88 yuanes) y el Negroni (82 yuanes), ademas de creaciones originales como el Bund Breeze con vodka, lychee y hierbabuena (78 yuanes). Los precios son elevados pero acordes con la ubicacion y las vistas.

Mi momento favorito es llegar al atardecer, pedir un cocktail en la terraza y ver como las luces de Pudong se encienden una a una mientras el cielo cambia de azul a naranja y finalmente a negro salpicado de estrellas. No hay mejor manera de entender por que Shanghai es una de las ciudades mas fascinantes del mundo que desde la terraza de M on the Bund, cocktail en mano.

Preguntas frecuentes

Cuánto cuesta cenar en M on the Bund?

Entre ¥400 y ¥800 por persona con bebidas. El menú degustación cuesta ¥688 sin maridaje.

Hay que vestir formal?

Se recomienda elegante informal. Los hombres deben llevar chaqueta, aunque no es obligatorio el uso de corbata.

Cuál es el mejor momento para ir?

El atardecer, justo antes de que se ponga el sol. Las vistas del Bund iluminándose son espectaculares.

Tienen opciones vegetarianas?

Sí, el menú incluye opciones vegetarianas marcadas claramente. El linguini con trufa es vegetariano.

Se puede ir solo a tomar una copa?

Sí, el bar de la terraza está abierto para copas. Es un lugar popular para después de la cena.

Cuál es el código de vestimenta?

Informal elegante. Nada de chanclas ni bermudas, pero tampoco hace falta chaqueta y corbata.

Tienen opciones vegetarianas?

Sí, varios entrantes y platos principales vegetarianos. Avisa al hacer la reserva.

Este artículo fue revisado por el equipo editorial de Latinos Viajeros. Todas las recomendaciones están basadas en experiencia directa y verificación de fuentes oficiales.

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Angel es un viajero Mexicano que ha recorrido Asia durante la última década. Vive en Hong Kong desde hace 11 años, probando múltiples restaurantes en la ciudad, desde puestos callejeros hasta restaurantes con estrellas Michelin.

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