
Subí al piso 118 en menos de un minuto. El ascensor más rápido del mundo me comprimió contra el suelo mientras los números saltaban a velocidad vértigo, y cuando las puertas se abrieron, Shanghai entera se extendía a mis pies como un mapa tridimensional. La Shanghai Tower, con sus 632 metros de altura, es el segundo edificio más alto del mundo y la estructura más alta de China, coronada por el mirador más alto del país en el piso 118.
Lo que necesitas saber
Precio: 180 yuanes (mirador piso 118) · Horario: 9:00 a 21:00 · Cómo llegar: Metro línea 2, estación Lujiazui, salida 3 · Dato: La torre tiene forma de espiral retorcida para reducir la carga del viento en un 24% y su ascensor sube a 20,5 m/s, el más rápido del mundo

Historia de la Shanghai Tower: el gigante de Pudong
La construcción de la Shanghai Tower comenzó en 2008 y finalizó en 2015, aunque no abrió al público hasta 2016. Diseñada por el estudio estadounidense Gensler, la torre forma parte del trío de rascacielos de Lujiazui junto con el Shanghai World Financial Center y la Jin Mao Tower. Lo que más me impresionó fue saber que el diseño en espiral no es solo estético: la torre gira 120 grados sobre su eje longitudinal, lo que reduce la carga del viento en un 24% y ahorra 58 millones de dólares en materiales de construcción.
La torre se eleva en nueve secciones cilíndricas apiladas, cada una con su propio atrio y jardín interior. Entre las capas interior y exterior hay un espacio de doble piel que funciona como aislante térmico, reduciendo el consumo energético del edificio. Cuando llegué al piso 118, entendí por qué la Shanghai Tower es considerada uno de los rascacielos más sostenibles del mundo, con certificación LEED Platinum.
La experiencia del mirador: vistas de 360° desde las nubes
El observatorio, llamado “Shanghai Tower Observation Deck”, ocupa los pisos 118, 119 y 121. El piso 118 es el principal, con ventanales de suelo a techo que ofrecen una vista panorámica de 360 grados. Desde allí vi el río Huangpu serpenteando entre la ciudad antigua y Pudong, el Bund reducido a una línea de juguete, y en los días despejados —como el que tuve yo en abril de 2026— se alcanza a ver la desembocadura del Yangtsé a más de 60 kilómetros de distancia.
El piso 119 alberga el “Sky Bar 119”, donde puedes tomar un cóctel mientras contemplas la ciudad allá abajo. Los precios son elevados —un café cuesta 68 yuanes— pero la experiencia vale cada yuan. El piso 121 es el más espectacular: una pasarela al aire libre donde el viento sopla con fuerza y la sensación de vértigo es absoluta. No recomiendo este nivel a quienes sufren miedo a las alturas; yo mismo tuve que agarrarme a la barandilla unos segundos antes de acostumbrarme.
La torre cuenta con pantallas multimedia interactivas que identifican los edificios visibles y ofrecen información histórica. Hay también un telescopio de alta potencia (10 yuanes por dos minutos) que permite ver detalles de los edificios lejanos. Mi momento favorito fue al atardecer, cuando el sol se ponía tras los edificios de Puxi y las luces de la ciudad comenzaban a encenderse una a una como estrellas en el suelo.
Consejos prácticos para subir a la Shanghai Tower
La entrada cuesta 180 yuanes para el mirador del piso 118, y 220 yuanes si quieres acceder también al piso 121 al aire libre. Recomiendo comprar las entradas online con antelación a través de plataformas como Trip.com o Ctrip, donde suele haber descuentos de hasta el 15 %. Los fines de semana y festivos la cola puede superar la hora, así que intenta ir entre semana.
La mejor hora para subir es una hora antes del atardecer. Así puedes ver la ciudad con luz diurna, el ocaso y el encendido nocturno en una sola visita. Yo subí a las 17:00 y no me fui hasta las 19:30, viendo cómo Shanghai se transformaba ante mis ojos. Lleva una chaqueta ligera incluso en verano: el aire acondicionado en los pisos superiores es intenso y en la terraza exterior el viento enfría rápidamente.
El acceso es en la planta baja del edificio, donde hay que pasar un control de seguridad similar al del aeropuerto. No están permitidos trípodes grandes ni drones. Hay taquillas gratuitas para dejar mochilas. El ascensor tarda 55 segundos en llegar al piso 118, y la presión en los oídos se nota pero no molesta. Si tienes problemas de oído, mastica chicle durante la subida.
Shanghai Tower en el contexto del Pudong financiero
La Shanghai Tower es el símbolo del Shanghai del siglo XXI: ambiciosa, sostenible y mirando siempre hacia arriba. Se alza en Lujiazui, el distrito financiero que hace treinta años era un terreno agrícola y hoy alberga las sedes de los bancos y empresas más grandes de China. Contemplar la ciudad desde lo más alto me hizo reflexionar sobre la velocidad del desarrollo chino: en apenas tres décadas, este país ha construido una metrópolis que compite con Nueva York y Londres.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto cuesta subir a la Shanghai Tower?
La entrada al mirador del piso 118 cuesta 180 yuanes. El acceso al piso 121 al aire libre cuesta 220 yuanes. Hay descuentos comprando online.
¿Cuánto tiempo dura la visita a la Shanghai Tower?
Una visita completa, incluyendo la subida, las vistas y la bajada, lleva entre una y dos horas. Si además quieres tomar algo en el Sky Bar, calcula tres horas.
¿Se puede ver el Bund desde la Shanghai Tower?
Sí, desde el mirador del piso 118 se ve perfectamente el Bund, el río Huangpu y toda la ciudad de Puxi al otro lado.
¿Hay restaurante en la Shanghai Tower?
Sí, hay varios restaurantes en los pisos inferiores y el Sky Bar 119 ofrece cócteles y aperitivos. No hay restaurante formal en el mirador.
¿Merece más la pena que el World Financial Center?
Personalmente creo que sí: la Shanghai Tower es más alta, las vistas son más amplias y la experiencia es más moderna. Pero el World Financial Center tiene la famosa pasarela de vidrio que también es muy espectacular.
Este artículo fue revisado por el equipo editorial de Latinos Viajeros. Todas las recomendaciones están basadas en experiencia directa y verificación de fuentes oficiales.
Sobre el autor
Angel es un viajero Mexicano que ha recorrido Asia durante la última década. Vive en Hong Kong desde hace 11 años, probando múltiples restaurantes en la ciudad, desde puestos callejeros hasta restaurantes con estrellas Michelin.